Aunque tengo muchísimo que aprender aún, la Historia es un tema que me apasiona y que cada vez me gusta más. Algunos capítulos de la Historia son especialmente impactantes; cuando tienes noticias de ellos por primera vez te quedas fascinada, y sólo quieres saber más y más sobre ellos, llegar al conocimiento absoluto del tema (cosa que en Historia es difícil, porque siempre hay diversidad de opiniones sobre los mismos hechos entre las diferentes personas que se dedican a transcribir la Historia).
Éste es el caso de la historia de Ana Bolena y Enrique VIII de Inglaterra. Conocí esta historia hace ya varios años a través de la película “Ana de los mil días” (una película de finales de los 60 con un Richard Burton representando el papel del rey Enrique VIII). Quizás había oído o leído algo anteriormente, pero desde luego esta historia no me impactó en absoluto hasta que ví esta película.
Esta mañana he estado viendo otra versión cinematográfica de la misma historia, “Las hermanas Bolena” (el título original es The other Boleyn girl) , que estrenaron el año pasado en el cine. Ambas películas se basan len os mismos acontecimientos históricos, pero, al igual que en los libros de historia, también en este caso se dan ciertas diferencias y diferentes enfoques.
Al ver la película, una vez más se me ha despertado el interés por esta historia increíble pero cierta: la historia del rey que cambió el devenir de toda una nación sólo por su deseo sexual hacia una mujer, la carismática Ana Bolena. En las dos películas que menciono, se da una imagen de Ana como una mujer ambiciosa y calculadora. Pero yo no lo veo exactamente así. Ella no quería ser una simple amante del rey. No quería que sus hijos fueran unos bastardos. Hay que tener en cuenta el papel que la mujer representaba en aquella época: un ser inferior, a la sombra de los hombres que lo dominaban todo. En esas circunstancias, para una mujer había pocas salidas, pocas opciones. Y ella jugó con lo único que tenía: su capacidad de seducción.
Enrique VIII se enamoró de ella, o quizás sólo la deseaba sexualmente, pero ella no quiso mantener relaciones con él sin estar casada, no quería ser una más. Es alucinante lo que hizo aquel hombre para poder tenerla: cambiar la religión de un país para divorciarse de Catalina de Aragón, su esposa, y poder casarse de nuevo, algo que la Iglesia Católica no quería permitirle.
Ana consiguió ser reina, pero acabó decapitada por orden de su propio marido. El motivo: una mezcla entre el hecho de que Ana, al igual que Catalina, tampoco dio a luz un hijo varón, y por otro lado, los rumores de infidelidad.
Pero a pesar de su dramático final, de alguna manera logró el objetivo que perseguía: su hija Isabel llegó a ser reina de Inglaterra.
Hace unos años estuve en Londres. Os cuelgo a continuación una foto del lugar excato en el que fue decapitada Ana Bolena, foto que no pude evitar tomar cuando visité la Torre de Londres (soy así de morbosa, qué le vamos a hacer):
