Últimamente, a menudo tengo la extraña sensación de sentirme estafada constantemente. Esta desagradable sensación la percibí una vez más el otro día, cuando me puse a leer detenidamente las cláusulas del seguro de vida que el banco nos obligó a firmar como requisito imprescindible para la concesión del préstamo hipotecario. Hasta ese momento, mi concepto de “seguro de vida” era bastante simple: seguro de vida= le pagas a una empresa una cierta cantidad de dinero al año, y si un día te mueres o sufres una incapacidad que te impida trabajar, la empresa te concede a tí o a los beneficiarios del seguro la cantidad acordada.
Pero no, señores. Las cosas no son tan sencillas como parecen y menos aún en el mundo de las compañías de seguros. Para una compañía de seguros no es lo mismo morirse de una cosa que de otra a efectos de cobrar el seguro. Vamos, que eso de que la muerte nos hace iguales a todos las compañías de seguros se lo pasan por… ahí. A continuación apunto algunas de las numerosas excepciones que el contrato señala como situaciones en las que no se percibirá el dinero del seguro: el suicidio durante el primer año de vigencia; daños originados por temblor de tierra, inundación, huracán; accidentes derivados de los siguientes deportes con carácter de aficionado: equitación, esquí, alpinismo, espeleología, artes marciales, motociclismo, inmersiones submarinas, rugby, polo; accidentes cerebrovasculares y cardiovasculares tales como infartos; reacciones adversas a cualquier tipo de tratamiento médico o quirúrgico; consecuencias de desvanecimientos, estados degenerativos y un largo etc.
Después de leer esto sólo cabe una pregunta: ¿de qué coño, con perdón, se supone que se te está permitido morirte para que tus familiares cobren el puñetero seguro? Supongo que si las cosas están planteadas así, será por lo de siempre: para que el negocio sea más rentable.
Yo no entiendo nada sobre seguros de vida (ni tengo el menor interés en este tema). Sólo sé que morir siempre es morir. Y la muerte, por desgracia, no entiende de excepciones.
Yo acabo de suscribir uno, no ligado a una hipoteca, y no vienen tantas claúsulas. Solo viene la del suicidio, lo de guerra y catástofre nuclear, lo de los accidentes de deporte de riesgo y las carreras de coches. Estas excepciones, a mi modo de ver, son entendibles. El resto de las condiciones que te han puesto a ti me parecen delirantes.
Cuando yo firmé mi hipoteca también había uno, pero la verdad, dí por sentado que me iban a estafar, en primer lugar por que me parece que ocurre casi siempre en el tema de los seguros, y en segundo lugar, porque en la época en que firmé la hipoteca, hace ahora casi 9 años, yo estaba absolutamente convencida de que estaba en manos de un destino insoslayable y que mi temor era soprepasar los límites de la desgracia normal. Cosas de ser absolutamente poco aplicada en temas como éste, y mil gracias a que mi pareja, a pesar de ser como yo, se estudió más la cosa.
desde mi punto de vista la única finalidad del seguro de vida impuesto cuando contratas una hipoteca es la de que el banco recupere el préstamo. teniendo en cuenta que suelen “obligarte” a contratarla con la aseguradora de la propia entidad ellos mismos deciden de qué te mueres, salvo, claro está, que decidas morirte una vez cancelada la hipoteca, cuestión verdaderamente hipotética teniendo en cuenta los años por los que la contratas. pero si, tozudamente, decides subsistir al término del contrato ellos te proponen rehipotecar para cobrar una pensión, con lo cual nunca llegas a morirte puesto que los bancos deben subsistir.
de modo que io soy inmortallllllllllllllllllllllllllllllllll!
iuju!
pa que luego sus quejeis de los bancos.
besitos sielo!
a ver, a ver…
que nunca he escrito en un blog, como que mi comentario está esperando a ser moderado? pero esto que es? cogoenlaleshe… como me moderes una sola coma te como! que esto de la moderación me recuerda a mi al general y al …ísimo.
Jajaja! Es sólo un filtro para la primera vez que escribes. Desde que te acepto el primer comentario, los demás se publican sólos sin necesidad de que yo les dé el visto bueno.
¡Qué fuerte! ¿Así que yo también soy inmortal gracias a los bancos? ¡Y yo despotricando de ellos! Desde luego, soy una desagradecida…