Llevo desde que volví de vacaciones intentando sacar un ratillo para hablar de mi viaje a Berlín en el blog, pero no sé muy bien por qué, últimamente no estoy muy inspirada. Aunque los recuerdos e impresiones de un viaje no se olvidan nunca, no quiero dejar pasar la oportunidad de poder entrar en mi blog dentro de un tiempo y leer lo que en su día escribí sobre ello.
Berlín es una ciudad bonita, podría decirse que lo es, pero su interés no reside en absoluto en lo meramente estético. Se trata de una ciudad emblemática, un testigo excepcional del lado más dramático de la historia del siglo XX europeo. Es como una ciudad que nunca olvida, con referencias abundantes a la II Guerra Mundial, el holocausto, la división de Alemania y la Guerra Fría.
A pesar de que han pasado casi 20 años de la caída del Muro, todavía se distingue claramente la parte de la ciudad que perteneció a la República Democrática y la parte que perteneció a la República Federal. Sin duda alguna, el interés turístico se centra principalmente en la antigua zona socialista, donde se produce una mezcla curiosa de edificios grandiosos reconstruidos tras la destrucción sufrida por los bombardeos, edificios sobrios característicos de la etapa comunista, y también construcciones totalmente decadentes donde el movimiento “okupa” desarrolla sus actividades culturales con sus cines, teatros y cafeterías “antisistema”. El encanto de la antigua zona comunista se aprecia también en otros detalles: la gente apenas viaja en coche por esa zona de la ciudad; la mayoría utilizan el tranvía o van en sus bicicletas, a diferencia de la otra zona, donde no hay tranvía y se observan muchos más coches y muchas menos bicis.
Por otro lado, las abundantes alusiones al holocausto indican, a mi parecer, un cierto sentimiento de culpa o un deseo de que nadie olvide lo que pasó. Por esta razón, han construido un gran monumento al holocausto (en la zona donde estuvo el búnker en el que murió Hitler), hay también un Museo de los Judíos, una exposición permanenete al aire libre titulada “La topografía del terror” (en las ruinas de los antiguos cuarteles de las SS y de la Gestapo) y puede visitarse el cercano campo de concentración de Sachsenhausen.
Sorprendentemente, Berlín es mucho más barato de lo que me imaginaba. Un día cenamos en un restaurante italiano donde las pizzas costaban 3 euros (en Madrid por ese precio no te dan ni la masa sin hornear).
Os pego una foto “de interés profesional”, la Staatsbibliothek (la Biblioteca Nacional de Alemania). Los que sois bibliotecarios, ¿no pensáis que tanta hierba trepadora queda muy mona en la fachada, pero que debe ser malísimo para la conservación de los libros (seguro que es un hervidero de insectos y de humedad)?

Una foto curiosa: el centro cultural Tacheles. Es un edificio ruinoso (como podéis comprobar) en una calle bastante céntrica de la ciudad (de hecho está al lado de un edificio bastante lujoso), que fue “okupada” por un grupo de artistas poco después de la caída del Muro. Estos okupas se hicieron tan famosos y atrajeron tanto interés, que la constructora decidió mantener el alquiler simbólico de un marco al mes.
Para terminar, una foto más típica, la de la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche (¡cuánta consonante para tan poca vocal!). Es una iglesia que fue destruida en la II Guerra Mundial. La desescombraron y la dejaron tal cual, sólo que a su lado construyeron otra iglesia muy moderna. Al conjunto lo llaman “la muela picada”.


Hola, Maite. Pensaba que nos habías abandonado en el sentido virtual. Me ha gustado mucho tu post y tus fotos. Tuve la oportunidad de estar en Berlín en el verano del 91, unos meses después de la caída del muro. La diferencia entre ambos lados era mucho más acusada (tengo una foto cogido de la mano con una enorme estatua de Lenin) y quedaba mucho muro en pie todavía. Me sorprende que casi 20 años después aún se respire distinto a ambos lados de la puerta de Brandenburgo.
Gracias, Ricardo. ¡Qué suerte haber estado en Berlín en el 91! Es cierto que aún se nota la diferencia entre las antiguas dos Alemanias, pero si fueras ahora después de haber estado en el 91, la notarías muy cambiada. Berlín está lleno de grúas, no paran de reformar edificios y reconstruir sobre antiguas ruinas.
Me alegra saber (y esto también lo digo por Marina) que me echábais de menos (en el sentido virtual). A ver si saco un rato y me doy un paseo por vuestros blogs, a ver qué os contáis.
Bienvenida de nuevo a esta comunidad de blogeros, y gracias por contarnos Berlín, sobre todo a mí que nunca he estado.
No sé si estar de acuerdo respecto a la Biblioteca reverdecida, supongo que será fácil que esa humedad y esos insectos no ataquen los libros y a cambio ¡es tan hermosa la idea de esa casa de libros florecida! Me encanta esa idea, y tengo ganas de ver en directo la pared verde del Caixa Forum, que aún sólo he visto en fotografía.
Por lo que cuentas, el Berlín este es algo así como un Berlín verde y alternativo y eso conecta con un aspecto siempre presente en mi carácter, no sé si por afán de llevar la contraria.
La forma de vida que he elegido (perros, gatos, mucho trabajo) hace muy difícil que viaje, que ha sido siempre uno de mis instintos y mis pasiones. Pero como tengo tantas, no hay más remedio que elegir.