Esta semana he escuchado y leído con asombro que han nominado a Penélope Cruz y a Javier Bardem a los Globos de Oro del 2009 por Vicky, Cristina, Barcelona. Yo no soy ninguna experta en cine, pero cuando vi esa película hace unos meses me sentí muy decepcionada. Me parece, sin duda ninguna, la peor película de Woody Allen, y no sólo lo pienso yo; toda la gente con la que he hablado sobre esa película piensa exactamente lo mismo que yo. De manera que, ¿por qué narices ha recibido nada menos que 4 nominaciones a los Globos de Oro? ¿Es que en Hollywood no han visto la misma película que hemos visto aquí? Y lo peor es que, como todos sabemos, si la han nominado a los Globos de Oro es muy probable que acabe recibiendo también varias nominaciones a los Oscar.
Todo en Vicky, Cristina, Barcelona da la sensación de haberse encajado a presión, de forma artificial y forzada: los actores (sobretodo Bardem y Penélope, los españoles de moda), los escenarios (Barcelona y Oviedo), un argumento previsible, unos diálogos simplones (sobretodo comparándolos con los guiones brillantes y poco convencionales a los que nos tiene acostumbrados Woody Allen), un narrador que te va relatando todo, sin dejar ni un resquicio para que cada uno saque sus propias conclusiones…
Afortunadamente, Rebecca Hall (la actriz que interpreta a la chica americana morena) también ha recibido una nominación. Para mí fue la mejor interpretación de la película. Bardem es un buen actor, pero el papel que interpreta se queda corto para él, no le permite lucirse ya que carece de la fuerza que suelen tener los personajes que interpreta (como Ramón Sampedro o el asesino de No es país para viejos).
En cuanto a Penélope Cruz… sin comentarios. Nunca me ha gustado como actriz. Reconozco que es muy guapa, pero ser actriz no es ser modelo, hay que tener algo más, y ella no lo tiene. Ya me pareció alucinante que la nominaran al Oscar por Volver, donde, desde mi punto de vista, sobreactuaba todo el tiempo, así que como gane el Oscar por esta película, os juro que reniego de los Oscar para el resto de mi vida. Creo, además, que siempre le dan papeles para su lucimiento personal, pero no para lucirse como actriz, sino para lucirse como mujer. En esta película está más claro que el agua. Resulta que aparecen dos chicas guapísimas (Rebecca Hall y Scarlett Johanson), pero el guión está pensado para que parezca que Penélope está por encima de ellas, que ella es más guapa que nadie y punto. Creo que la única película donde me ha gustado su interpretación ha sido Elegy, de Isabel Coixet, donde por suspuesto también se lucía de lo lindo, pero en este caso su lucimiento tenía un sentido, ya que servía para resaltar lo que sucedía en la segunda parte de la película (el carácter efímero y vulnerable de la belleza física).
Sólo espero que la gente que no ha estado nunca en España no piense que todas las mujeres españolas somos como el personaje histérico, desequilibrado y chillón que interpreta nuestra amiga Penélope, que se pasa toda la película pegando voces.
Tengo ligeras sospechas de que no te acaba de gustar la peli. De los premios desconfía, que no se mueven siempre por valores artísticos. Y de los críticos tampoco te fíes, que se guían a veces por fobias, manías y amistades poco fiables.
Sin ver la película ya tengo una tremenda aprensión respecto a ella, debido al circo mediático que levantó. Reconozco que no se trata de un motivo muy riguroso, pero así es. Me temo que no la veré. Me pasa como a tí, que Pe me parece bastante inconsistente y que me gusta más Javier Bardem, al que considero heredero de una saga de artistas y un buen profesional, aunque no todo lo que ha hecho ha sido bueno.
Tiene razón Richi, los premios no son demasiado de fiar, y aunque dé pena sobre todo por los que lo consiguen merecidamente y por la pérdida prestigio, que en el fondo es pérdida de ilusión, pues casi todos están en tela de juicio.
Por otra parte tengo la sensación de que el cine no es ya lo que era. A lo peor es que me hago vieja, pero me parece que es difícil encontrar esas películas que te sumergían en una realidad paralela, en un mundo distinto de real.